En Santa Ana 80 presos se encargan de preparar cada día 7.500 raciones para alimentar la población carcelaria. Los internos dedican el tiempo a ejercer diferentes oficios dentro del Centro Penitenciario de Occidente.
Ramsés Díaz León / Corresponsal de La Opinión / San Cristóbal | 25 de julio de 2011
Los presos en el mundo, en particular en los países de América Latina, son vistos con recelo y sobre ellos se tejen las más siniestras notas.Las personas que visitan los penales lo hacen con la presunción de llegar a un antro donde se encuentran los criminales de la peor ralea y donde todos son delincuentes.
La Opinión tuvo la oportunidad de ingresar al Centro Penitenciario de Occidente (CPO), conocido como la cárcel de Santa Ana, la más grande de Táchira y del occidente venezolano.
En ese lugar un porcentaje importante de los internos son colombianos, es decir son la segunda población después de los venezolanos, lo que produce sentimientos encontrados. Teníamos la ilusión de encontrar un lugar menos peligroso del que en la calle se comenta, como efectivamente ocurrió.
El Centro Penitenciario de Occidente está en el casco urbano de Santa Ana del Táchira (Córdoba) y fue diseñado para 1.200 internos. En la actualidad alberga 2.678 internos, de los cuales 211 son mujeres. Los reclusos colombianos suman 497 internos, 422 hombres y 75 mujeres.
Pese a que hay una población mayor a la capacidad instalada, el director del penal, Fabio Castro, dice que no hay el hacinamiento que se presenta en otros centros de reclusión de Venezuela, porque se cuenta con excelentes servicios de agua, electricidad y alimentación. “En verdad podríamos recibir hasta 3.000 internos”, según el funcionario.
El director, que es un criminólogo de 30 años, con siete en el Departamento Nacional de Servicio Penitenciario, considera que el éxito de la gestión, radica en entender que quienes han perdido la libertad son seres humanos, que tuvieron un percance en la vida y que como tal deben ser tratados.
En el centro penitenciario los internos buscan ganar dinero para ayudar a la familia y aprenden algún oficio, particularmente artesanos. Hay talleres de carpintería en donde se elaboran muebles de buena calidad y en maderas finas, especialmente pardillo y caoba.
Existe un taller de zapatería y talabartería en el que se hacen sandalias, alpargatas de cuero, zapato para damas, bolsos y correas, productos que se comercializan fuera de los muros del penal.
Nuestra producción va hasta Caracas, según Diego Alvarado, que es el jefe del taller de zapatos. Son varios los obreros que han aprendido el arte y ellos cobran un porcentaje de las utilidades, producto de la venta, explicó.
Los colombianos

El deporte y algunas actividades al aire libre son un aliciente para los presos de Santa Ana, muchos de los cuales son colombianos que purgan condena por narcotráfico y otros delitos.
Rafael Gómez, un colombiano nacido en Bucaramanga, es ejemplo de conocimientos y constancia. Cuenta su vida que es realmente apasionante.
Es de esas personas que “no tragan entero” y por lo que dijo se conoce los códigos como un especialista en derecho penal.
Narró que fue víctima de un hecho que lo involucró con tráfico de estupefacientes y por eso recibió sentencia. Saldrá en libertad en diciembre, luego de purgar seis años de condena, pero va a la libertad a defender sus derechos, aseguró.
Argumenta que no quiso aceptar la culpabilidad por amor y respeto a la familia, lo que le habría podido rebajar la pena, explicando que no negocia la mentira y la injusticia.
En el penal funcionan las tres misiones del Gobierno Nacional para promover la educación como Robinson (primaria), Rivas (bachillerato), y Sucre (superior). Los universitarios están en cuarto semestre de derecho, algunos de ellos de nacionalidad colombiana.
Hay grupos culturales en música, danza, teatro y en artes plásticas. En Destacamentos de Trabajo hay 331 hombres y 48 mujeres.
En el CPO de Santa Ana hay 619 hombres procesados y 102 mujeres, para un total de 721.
Penados son 1.791 hombres y 166 mujeres para un total de 1.957
En total la población carcelaria del CPO es de 2.410 hombres y 268 mujeres.
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